Cuando
organizamos un acto siempre hemos de indicar en la invitación si esta es
individual o incluye también un acompañante.
En función de si
se trata de un acto de carácter social, empresarial, oficial o familiar,
existen diversas formas de considerar a los acompañantes. De este modo, si se
trata de una familia o de un grupo de antiguos alumnos, por ejemplo, no se
plantea ningún problema mientras que si estamos ante un acto en el que se ha
ordenado a los asistentes por riguroso orden de precedencia se podría generar
malestar o, incluso, alguna trifulca.
En general, en
los actos a los que acuden autoridades de relevancia sus acompañantes ocupan un
lugar junto a las mismas aunque también existe la posibilidad de reservar un
lugar “destacado” entre el resto de los asistentes para dichos acompañantes.
Funeral por Calvo-Sotelo en 2008
En otras
ocasiones, cuando los acompañantes no tienen cabida, lo que se hace es preparar
una actividad alternativa para estos, con la finalidad de que estén
entretenidos mientras los invitados acuden a un acto exclusivamente destinado
para ellos.
¿Y qué ocurre
cuando a última hora algún invitado aparece con acompañante por sorpresa? Le
buscaremos un sitio de forma que el orden establecido para el resto de
asistentes no se vea alterado en gran medida y, por supuesto, la persona
comprenderá su ubicación “especial” aunque no le corresponda.

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