El comportamiento de las personas en
sociedad delimita la percepción que las demás adquieren de cada una de ellas y,
lo que es más importante, está basado en la educación. Por ello, obtener una
buena base en la infancia y en la adolescencia nos ayudan a convivir y
transmitir una imagen positiva de nosotros mismos.
Saludar al entrar en un
establecimiento, sonreír y dar las gracias siempre, tratar de usted a quien no
conocemos o hablar correctamente son signos básicos del Protocolo social que no
nos cuestan nada y que, sin embargo, nuestro entorno agradece. No obstante,
estos gestos no son frecuentes hoy en día y son muchos quienes consideran que
ya han quedado obsoletos o son cosas del pasado.
Si tomamos como pilares básicos el respeto
y la tolerancia, y los convertimos en nuestros principios ya tendremos la mitad
del camino recorrido. La otra mitad consistirá en trasladarla a la sociedad,
sobre todo a la más joven, a través del ejemplo.
Por todo ello, el Protocolo social no
es algo anticuado ni obsoleto, se trata de una disciplina que, entre sus
múltiples utilidades, nos ayuda a comportarnos adecuadamente, a vivir en
sociedad y a establecer los límites de la libertad entendida como convivencia
con el entorno.

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