A la hora de organizar un evento es preciso que
tengamos claras tres cosas: quién lo organiza, por qué normativa se rige el
Protocolo en el ámbito en el que se enmarca y cuál es el objetivo que
pretendemos alcanzar.
- Quien organiza: partimos de la máxima de que “quien organiza preside”, por ello, toda configuración de precedencias se realizará atendiendo a ello. Si bien el organizador, el cual recibe el nombre de anfitrión, puede ceder la presidencia si así lo considera oportuno en beneficio de su objetivo o imagen, no está obligado a ello salvo que se cuente con la presencia de Su Majestad el Rey.
- Normativa: cada ámbito del Protocolo se rige por unas normas, siendo la más conocida el Real Decreto 2099/83, el cual establece las precedencias de las autoridades en los actos de carácter oficial.
- Objetivo: debemos delimitar qué es lo que queremos comunicar o conseguir a través del evento. No olvidemos que los actos son un mero medio de transmisión de mensajes, motivo por el que todo debe configurarse en favor del mismo.
Todo ello consolida la base de nuestro trabajo como
profesionales del Protocolo y la Organización de Actos, por lo que, si no
otorgamos solidez a esta tríada de aspectos, todo lo demás carecerá de sentido
y será hecho en vano.