Por todos es conocida la situación
previa a una primera cita: ¿qué me pongo? ¿a dónde la llevo? ¿qué le cuento?
... Una innumerable cantidad de preguntas unidas a un manojo de nervios
introducido en el estómago. Pues bien, aunque es cierto que siempre nos vamos a
sentir así tengamos la edad y la experiencia que tengamos, es posible controlar
nuestro comportamiento, nuestras palabras y, sobre todo, la imagen que queremos
transmitirle a la otra persona.
Empecemos por la imagen personal, es
fundamental que cada uno se vista a su manera, es decir, mantener el estilo
propio pero siempre cuidado. La ropa limpia y planchada no se nos debe olvidar
jamás. A mayores, hemos de tener en cuenta el sitio al que vamos a ir porque el
ambiente determinará también nuestro vestuario, no es lo mismo ir al cine o a
la bolera que a un restaurante elegante. Y, por supuesto, siempre duchados y
peinados.
Continuemos con el comportamiento, lo
más probable es que no sepamos qué hacer con las manos y las piernas nos
temblarán de forma sospechosa así que ¿cómo podemos disimularlo? Gesticula
levemente con tus manos acompañando tus palabras y apoya ambas piernas en el
suelo en un ángulo de 90º, ello te ayudará. Y si sudas mucho cuando estás
nervioso procura vestirte con ropa ligera y un poquito amplia y lleva en el
bolsillo toallitas húmedas con las que podrás refrescarte cuando te excuses
para ir al servicio.
Terminemos con la comunicación verbal,
debes hablar con un tono suave, no permitas que tus nervios te alteren y te
hagan elevar el tono ni tampoco hablar para el cuello de la camisa. Piensa
antes de hablar y si no sabes qué decir siempre puedes preparar previamente
algún tema de conversación que a la otra persona pueda interesarle. Y no emplees
palabras malsonantes ni hables de cosas escatológicas, religiosas o políticas,
no suele ser un buen comienzo.
Y lo más importante, sé tú mismo, no
tengas miedo y disfruta. Cuando el ser humano está relajado y feliz es cuando
los mejores proyectos salen adelante.

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