¿Por qué la disciplina del Protocolo no
arraiga tan fuerte como debería en nuestra sociedad? Muy sencillo, la
concepción de la mayor parte de la población española acerca de dicho término
es errónea. A continuación desvelamos los errores más frecuentes que conllevan
una mala interpretación del concepto:
-
“El Protocolo es rígido”: nada más lejos de la realidad, si
bien es cierto que existen una serie de normas que es preciso cumplir como es
el caso del Real Decreto 2099/1983, el Protocolo es muy flexible y atiende
siempre al buen entendimiento y a la comunicación y tolerancia entre las
personas.
-
“El Protocolo es anticuado”: el Protocolo nació con las primeras
comunidades sociales pero ha ido evolucionando y ahora está adaptado a la
situación actual.
-
“El Protocolo establece diferencias que
favorecen la distinción entre clases sociales”: el Protocolo ordena a las autoridades
en función de su rango facilitando así la ausencia de discusiones por ver quién
va primero pero en ningún caso impide la relación entre todos los presentes
sino que hace que la comunicación sea mucho más sencilla.
-
“El Protocolo es un rollo”: el Protocolo es una herramienta que,
usada correctamente, simplifica la vida de todos y genera un clima de tolerancia,
respeto y buena educación.
Por todo ello, el Protocolo debe
permanecer siempre latente en nuestro día a día con la finalidad de que la
convivencia sea más favorable para todos.
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